Más allá de cifras tenemos agradecimientos

Más allá de cifras tenemos agradecimientos, porque este año vemos madres orgullosas y tranquilas por el futuro de sus hijos, así como tantas familias felices al ver a sus madres convertidas en empresarias. Somos muy afortunados de presenciar talento, amistad, creatividad, honestidad y curiosidad en cada clase, exposición o evento.

En tantos encuentros durante este año logramos llegar a más de cien participantes dentro de nuestros talleres entre Bogotá, Medellín y Cali, y esto de la mano de veinticinco profesores, talleristas y formadores quienes nos brindaron al rededor de 450 horas de clases preparadas con amor y dedicación; pero ademas siempre con el objetivo de que cada uno lograra desarrollar su potencial y lo aplicara en su proyecto.

Sin embargo ademas de ver números, estadísticas, etc… quisimos ir más allá y pensar en el impacto colateral que alcanzamos con cada proyecto.

En el caso de Roboteando, mantuvimos una conversación constante con las madres de los estudiantes, ellas nos cuentan emocionadas como sus hijos ahora tienen un objetivo que los hace querer ir a las clases, preguntar, investigar y aprender; todo para lograr construir lo que soñaron en el inicio del proyecto. Por voluntad propia organizan su tiempo entre el colegio y las aulas, están motivados y transmiten su buena energía por todas partes, aprenden sobre el verdadero trabajo en equipo, entienden que ayudar al otro hace parte del propio crecimiento y se conectan con todo su entorno, familia, colegio y amigos.

También en los proyectos de emprendimiento como Soy Empresaria VASED y Emprendedores un proyecto de vida, el crecimiento personal y empresarial que ellos nos transmiten es inmensurable, la seguridad que ganaron en ellos mismos hizo que vieran su potencial y entendieran que podían alcanzar sus objetivos; todo esto con trabajo, dedicación, y exigencia, pues entendieron que para lograr lo que se proponían necesitaban entrar en terrenos desconocidos y poco cómodos, enfrentando sus miedos y sobrepasandolos. Al final cada participante estaba tan orgulloso de sí mismo, y sus familias y amigos reconocieron su valioso crecimiento.

En Ecos de la Montaña vimos como jóvenes dedicaron su tiempo libre para sacar adelante sus proyectos periodísticos, los acompañamos madrugando para asistir a talleres los sábados, vimos sus ideas y fuimos muy felices siendo parte del perfeccionamiento de sus procesos. Los jóvenes ganaron tanta empatía imposible de medir y salieron de su mundo para abrirse a escuchar, entender, ponerse en los zapatos del otro y contar su historia, conectaron con los sentimientos de extraños, lloraron, rieron, sufrieron y al final escribieron y escribieron y escribieron, para lograr entregarnos en el periódico El Observador las increíbles vivencias de otros.

Por todo esto, una de las razones para compartir nuestras inmedibles cifras, es el deseo de continuar generando sonrisas, alegría por los otros y ganas de ayudar; de esta forma retribuimos un poco de lo bonito que recibimos y de paso animamos a muchos a ser parte de esta transformación social.