Ser voluntaria

A menudo me despierto pensando, “¿y hoy que aportaré a la sociedad?” y con las respuestas que vienen a mi mente, nuevamente descubro que cada día tengo una cita con el futuro.

Ya se cumplen más de 10 años durante los cuales he sido voluntaria en varias fundaciones con diferentes enfoques, y en las que siempre he tenido la convicción de dar lo mejor de mí con el fin de aportar lo necesario para ayudar a cambiar la vida de las personas con las que interactúo; también para compartir mi conocimiento a cada comunidad, y, sobre todo, lo que puedo aprender de ellos.

En las oportunidades en las que puedo transmitir conocimiento en mi voluntariado, realmente aprendo y crezco como persona. A medida que pasa el tiempo, logro encontrar el verdadero sentido de la vida que Dios me regaló, doy valor a cada detalle que me rodea y atesoro y aprovecho cada momento que vivo.

Durante estos años he conocido personas maravillosas que tienen un lugar en mi corazón, y he vivido un sinnúmero de momentos mágicos que me han transformado por completo.

La integración que tengo con las comunidades, con cada niño, cada abuelito, cada estudiante, cada habitante de calle y con cada padre/madre cabeza de hogar, me da la fuerza necesaria para nunca querer detenerme en este propósito incondicional; me impulsa a contagiar a más personas para que encuentren la misma pasión en ser voluntarios de corazón y que quieran ayudar en este mundo tan convulsionado, un mundo que necesita de más humanidad y en el que he descubierto que a muchas personas les basta tan solo una sonrisa, un abrazo, una orientación, una guía, una oración, o un poco de tiempo que viene de alguien que no los juzga y las apoya para ser más felices.

¡Ser voluntaria es lo mejor que me ha pasado en mi vida!